Au revoir, 5 de mayo

Por Mario Martell

Vivimos bajo esta tiranía del Covid19.

Y hoy descubrimos que de patriótico no tiene nada. 

Veamos, por ejemplo, que, gracias a la pandemia, se suspendió el desfile del 5 de Mayo. 

El día más importante para la Puebla liberal, patriótica y soberanista, los poblanos quedarán confinados en sus casas.

Los zacapoaxtlas de Xochitlán guardarán sus machetes, dejarán colgado en el closet su outfit del guarache y el sombrero para mejores días. 

Las quinceañeras republicanas no lo harían mejor. 

Si abril demostró que el verso de Elliot además de refinado era profético, en Mayo la patria y las madrecitas estilizarán sus ritos y sus festejos. 

Sólo veremos a las marching bands en videos retros de You tube, o quizás, exista algún canal en Spotify donde hallar las proezas acústicas de las bandas escolares que con el menor desparpajo transitan en los patrióticos desfiles de la poblanidad nacionalista del Noa Noa al flemático All You Need is Love.

La moraleja musical para los melómanos del desfile es más que dispareja: entre Juan Gabriel y el cuarteto de Liverpool sólo media una falsa distancia. 

Lo que la geografía desune las marching bands lo amasan. 

Y los videos grabados en celular lo regurgitan. 

Hasta el conde de Lorencez se apena de tan chaira remembranza. 

Ora sí, en lugar de “las armas nacionales se han cubierto de gloria” habría que decir “las armas nacionales se han guardado en sus casas y se han lavado las manos varias veces al día”. 

Entre huachicoleros, influencers y reguetoneros, la Patria que nos dejó Zaragoza no quiere quedarse en casa o de plano no puede. 

Ayer, por ejemplo, no sé si queriendo festejar el 82 natalicio de Carlos Monsiváis Aceves, la gente hacía largas filas afuera de los bancos queriendo demostrar que el dinero electrónico es una falacia y que solamente el dinero “constante y sonante” es el que vale.

En textos tuiteros se materializó la indignación porque había largas filas de personas afuera de los bancos, se denostó a los cuentahabientes por su ausencia de sofisticación tecnológica, que antes se llamaba pobreza y proletariado. 

Quizás, imaginaban, que, en un país como México, ya se democratizó el contar con cuentas de banco en las islas Caimán y que la banca electrónica en sus celulares y los bitcoins se ocupan hasta en las tienditas y en los mercados de abasto. 

Pero bueno, esos son los riesgos del nuevo tribalismo cognitivo: vivir en una residencia con suburban y chofer a la puerta, conduce a la inmejorable percepción de que todos los poblanos tienen plan de datos ilimitado, Iphone y acceso a Amazon Prime. 

Ningún mito patriótico es inventado. Apátrida y conservador, el Covid19 será despedazado en la próxima mañanera.

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