Ayotzinapa, el oscuro teniente

Publicado por Financiero

Estrictamente Personal

Por Raymundo Riva Palacio

El 24 de junio de 2013, amaneció Acapulco con perros muertos en las calles con mensajes dirigidos al subsecretario de Prevención y Operación Judicial de la Secretaría de Seguridad Pública de Guerrero, el teniente retirado Leonardo Vázquez Pérez. “Que te quede claro y no se te olvide la mano que te dio de comer. Acuérdate del tío Arturo Beltrán Leyva, que te mató el hambre y que te la sigue matando a ti y a tu familia, aunque ya no está con nosotros”, decía uno.

“Ya basta de estar asesinando a nuestra propia gente, a la misma gente que te tendió la mano y te sigue dando de comer. Deja de molestar a las tiendas que de ahí sale el dinero para que tú tragues. Respétanos. Este atento llamado es para que agarres la línea del Tío como siempre lo has hecho y nos ayudes a limpiar toda la bola de secuestradores y extorsionadores”, señalaba otro.

Cuando esto sucedió, Beltrán Leyva llevaba poco más de cuatro años muerto, abatido por comandos especiales de la Marina que lo cazaron en Cuernavaca. Aquel 16 de diciembre de 2009, tras un operativo de cuatro días, la poderosa organización que comandaba, enfrentada con sus antiguos socios del Cártel del Pacífico, empezaba a ser desmantelada. Los marinos nunca toman prisioneros. Los hermanos Beltrán Leyva eran figuras clave en el narcotráfico, controlaban la seguridad de los jefes y sus familias en el Cártel del Pacífico, y administraban el corredor Ciudad de México-Cuernavaca-Acapulco de cocaína y precursores químicos para las metanfetaminas.

A la muerte de Arturo, esa organización se dividió. Una parte creció como Guerreros Unidos, cuyos fundadores, Alberto y Mario Pineda Villa, que eran pistoleros de Beltrán Leyva, fueron asesinados por órdenes de este capo, cuando descubrió que estaban secuestrando y extorsionando a sus espaldas. La otra parte se agrupó en Los Rojos, fundado por Jesús Nava Romero, quien murió junto con Beltrán Leyva. La organización de los Beltrán Leyva se fragmentó y nunca volvió a tener la misma fuerza.

Vázquez Pérez no estaba ajeno a ellos. Sujeto a una nueva investigación por la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, es una figura de interés para las autoridades. Sinaloense, llegó a Acapulco donde vivía su hermana, que era una de las parejas sentimentales de Beltrán Leyva, sobre la costera de Acapulco en una casa que años antes le habían incautado. Eran los tiempos donde Beltrán Leyva compraba favores y protección. Vázquez Pérez se incorporó como subsecretario de Seguridad de Guerrero, aunque todavía no tienen claro las autoridades cómo entró al cargo. Ahí estuvo casi cinco años, sin que se conozca de una acción policial significativa de su parte.

Cuando aparecieron los perros muertos con los mensajes, su nombre llamó la atención a las autoridades. El rompecabezas sobre su probable relación con el narcotráfico no ha terminado de armarse, pero tras la cadena de eventos en los últimos años, la presunción es que se encontraba más cerca de Guerreros Unidos, donde jugaba clandestinamente un papel importante la hermana de los Pineda Villa, María de los Ángeles, quien era la esposa del alcalde José Luis Abarca cuando desaparecieron los normalistas en Iguala.

Esa organización controlaba Iguala y seis municipios aledaños en Tierra Caliente, y los policías municipales fueron quienes detuvieron y les entregaron a los normalistas la noche del 26 de septiembre de 2014, actuando como reacción a lo que pensaban era un ataque de Los Rojos, que tenían influencia en otros municipios de esa región, Chilpancingo y Morelos. Abarca y Pineda Villa fueron protagonistas importantes en el crimen contra los normalistas, aunque siempre lo han negado, y su estructura policial estaba supervisada desde Chilpancingo por Vázquez Pérez, a quien el gobernador Ángel Heladio Aguirre había nombrado secretario de Seguridad el 13 de enero de 2014.

Tras el crimen contra los normalistas, el nombre de Vázquez Pérez siempre estuvo presente, pero no en el primer plano. Cuando el gobierno de Aguirre colapsó, se fue a Estados Unidos, donde ya se encontraba su hermana, y cuando sintió que las cosas se habían enfriado, regresó discretamente a vivir en Guadalajara. Extrañamente, el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto no le prestó suficiente atención, pese a que su nombre apareció en una libreta de contactos que pertenecía a Sidronio Casarrubias Salgado, uno de los líderes de Guerreros Unidos que fue puesto en libertad en julio del año pasado, porque el juez consideró que los dos testimonios donde narraba cómo habían detenido y desaparecido a los normalistas, habían sido extraídos mediante torturas.

Información que han obtenido los investigadores del gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, lo regresaron al primer plano de las sospechas sobre el grado de involucramiento que pudo haber tenido en la desaparición de los normalistas, particularmente en omisiones al no haber informado con detalle y rapidez sobre los movimientos que estaban haciendo los estudiantes. La Comisión de la Verdad llamó a declarar la semana pasada al exgobernador Aguirre, al exfiscal Iñaki Blanco y, de manera precisa, a Vázquez Pérez. Las principales preguntas fueron sobre el papel del exsecretario de Seguridad. La próxima semana irán a declarar, pero a la Fiscalía General.

Vázquez Pérez ha mantenido un perfil extremadamente bajo durante todos estos cinco años, pero finalmente está en el centro de la investigación. No hay acusaciones formales en su contra, pero las autoridades creen que si habla lo que sabe, podrán entender partes importantes de lo que sucedió aquella noche y lo que pasó con los normalistas de Ayotzinapa. Dentro del gobierno de Aguirre había varios funcionarios que le tenían enorme desconfianza y hoy se está viendo por qué.

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