Caminito a la escuela

Con esta nueva normalidad los cambios en la sociabilidad de nuestros niños se modificarán. Cada dos semanas leo nuevos comunicados acerca de cómo será la vida escolar, una vez que los niños regresen a la escuela.

Con pena veo que nuestras autoridades educativas no tienen el más mínimo conocimiento de cómo se construye la sociabilidad en la infancia.

La pandemia los y nos tomó por sorpresa. 

Prevenir el contagio de coronavirus o bien tendrá un costo muy alto en nuestra sociedad, si las medidas se llevan a cabo, o de plano el plan fracasará. Supongo que es lo más probable, debido a la ausencia de habilidades digitales del personal docente, porque no se trata nada más de saber teclear un texto en Word o mandar un correo electrónico, sino de crear ambientes de aprendizaje con herramientas digitales o en línea.

He visto y vivido innumerables escenas de madres solicitando a sus pequeños y pequeñas que no peguen la cabeza a otros niños, para ganarle la guerra a los piojos.

Niños de escuelas públicas y privadas se han infestado de piojos desde siempre. 

Pero el asunto no queda allí, los niños toman agua de la misma botella, comparten la torta, se abrazan, se pelean, se tragan los mocos, se chupan las paletas de otros recogen la comida que ha caído al suelo y la comen.

Y qué decir de los adolescentes, si usted cree que ha muerto el juego de la botella donde a punta de besos se pasan las babas y la mononucleosis unos a otros, es porque vive en otra época. Los adolescentes comparten más que la torta.

La nueva normalidad dicta que en el regreso a clases acudirán a las escuelas en grupos reducidos, los niños no se podrán abrazar, comerán en lugares específicos y abiertos, separados unos de otros. 

¿Cómo van a desarrollar los niños su capacidad de convivir armónicamente, cómo aprenderán a compartir, cuándo volverán a sentir la emoción de abrazar a otro niño? ¿Cómo afectará esta nueva normalidad al desarrollo de los niños?

¿Cuál será el papel de los maestros en esta nueva normalidad para evitar que los niños jueguen, compartan y se desarrollen lo más normalmente posible?

Imagino a los profesores más como celadores de una cárcel que como docentes, encargados de “vigilar y castigar”.

¿Qué pasará con los niños en situación de pobreza, cuando para ellos ir a la escuela es la oportunidad de que algún amigo le comparta un poco de la torta o de las papas o tal vez refresco?

Por generaciones, los profesores no han podido evitar el contagio de piojos, ¿cómo le harán para prevenir el contagio del Covid 19? 

¿Qué harán las madres de familia para evitar que los pequeños sean los verdaderos agentes de contagio al interior de sus familias?

Es todo un reto para nuestro país por nuestras condiciones sociales y culturales volver a la escuela de educación básica sin que nuestra niñez se vea afectada.

Por lo pronto, nuestra niñez espera volver a correr por los patios de sus escuelas abrazada de sus mejores amigos.

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