De ilusionados e ilusos (Política doméstica)

A los cien días de gestión el político se presenta en el estrado para desplegar una serie de mentiras revolcadas en los polvos de la inalcanzable verdad: la economía crece favorablemente, la criminalidad ha bajado con el favor de nuestros cuerpos policiacos, la tasa de contagios cede y los niños ahora reciben una educación de primera.

A los cien días de confinamiento por la peste, la mujer se planta en el centro de su casa y musita algunas verdades pasadas por la cosmética de la ficción : el amor es algo más que el afortunado encuentro de dos egos que firmaron un armisticio, el que pega sufre más que el que recibe la bofetada, aquel que duerme en exceso no debería perder el día por default.

Al político lo sintonizan millones de ilusionados por redes, televisión y radio.

Dudan, pero por inercia le aplauden en cascada.

A la mujer la escuchan los niños y el marido iluso: Fingen comprensión, pero le dan una patada.

ALEJANDRO GOMEZ MACCHIA – REVISTA DORSIA

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