¿Decisiones tardías ante costos político electorales? ¿Qué opinas?

Por: Guillermo Deloya

No asumir para no sumirse.

Tengo fe en que la aseveración del presidente López Obrador vertida en el marco de la Convención Nacional Bancaria se apoye en un diagnóstico objetivo y en un plan estratégico infalible. Declarar que en México existen condiciones inmejorables para crecer, es una sentencia temeraria que debe exceder responsablemente el optimismo para pasar a la fundamentación en un momento donde transitamos en el umbral de la que puede ser la peor crisis económica global de los últimos 90 años.

Desde el panorama macro económico mundial, la realidad tiende a contradecir al presidente. Más bien, existen condiciones para el perfeccionamiento de una brusca tormenta que haría que retiemble en su centro la tierra. Vamos por partes; México no es un ente aislado, vive e intercambia en un mundo interconectado en el cual, el contagio negativo de las cadenas de producción y comercio ha provocado un nerviosismo generalizado que se traduce en un impacto en la demanda de productos. Esto a su vez, contribuye al desplome de los mercados de valores donde los efectos negativos de las caídas de las bolsas ya han sido ampliamente difundidos.

Esta “pandemia económica” trastoca de forma importante importaciones, exportaciones e insumos de producción en nuestro país en un esquema que, para mala fortuna, ya se venía ralentizando ante una economía recesiva.


No exageramos en la anterior afirmación. Estamos ante una caída de casi 16 meses continuos en la actividad industrial, tenemos un ingreso petrolero sumamente mermado por el desplome de los precios internacionales. Además, la confianza para la inversión de los agentes privados está en declive; vamos hacia la crisis financiera con indicadores inequívocos como el tipo cambiario donde nuestro peso se deprecia a ritmos acelerados.

Pero donde considero que radica la clave del recelo en las autoridades federales para decretar mayores medidas de contención, es precisamente en el accionar de la masa de economía informal que sustenta en gran medida la marcha de la nación. El propio INEGI ha destacado la importancia que tiene la economía informal para el andar económico del país. El valor de la economía informal en el PIB se ha sostenido durante una década en niveles estables, salvo por el caso del 2009, donde su valor llegó a representar el 24.4% . Es así que en los cuatro últimos años la economía informal representa entre el 22.8 y el 22.5% del PIB.

No es ilógico pensar que con una contracción estimada de hasta el 4.5% del PIB, con una caída de la inversión productiva y con una ralentización generalizada de la actividad comercial y capacidad e intención de gasto a nivel popular, el sector más golpeado sin duda será ese cúmulo de casi 32 millones de mexicanos inmersos en la precarización de empleos que otorgan los esquemas de informalidad económica.

Si ante el avance del COVID-19 se adoptan con responsabilidad, como todos los actores internacionales lo están sugiriendo, mayores medidas de constricción y recato social, comercial e industrial en el país, seguramente se experimentarán efectos perniciosos en una población cuya economía no podría mejorarse sola y exclusivamente por la generosidad de los programas sociales del gobierno federal. Cuando el golpe va directo al bolsillo de la gente, el denominador común es la proyección de culpas hacia el gobierno en turno de aquella desgracia. Así es como se pierden votantes de manera efectiva.

Minimizar los efectos lesivos a la salud de los mexicanos parece que es un cometido del gobierno federal. Aplicar el “no pasa nada” contraviene el sentido común ante una situación de enormes dimensiones. Rodear la contabilización objetiva de casos permite mantener en la sombra una real situación de emergencia que requeriría de asumir medidas para algunos no deseadas pero necesarias.

Si no se cuenta con un programa de contención con dimensiones de anti catastrófico, la estimación que tiene la propia Organización Internacional del Trabajo sobre el impacto en desempleo derivado de la pandemia, se puede magnificar en nuestro país, por supuesto en el sector formal de la economía, e impactar gravemente en el nivel de percepción económica del sector informal mexicano. Se cuantifican pérdidas internacionales de hasta 25 millones de trabajos.

En la balanza está la decisión: asumir medidas que protejan la vida y salud de la población mexicana con los inevitables e insanos efectos de la economía así como los probables tropiezos en lo electoral y lo político, o voltear la vista y esperar que no nos hundamos colectivamente en una crisis de salud y fatalidad que sin duda hará historia.

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