El Camarada Ackerman Lame la Bota de su Amado Líder y le Dedica un Himno

Veo el programa de dos personajes sin infancia: John Ackerman y Sabina Berman.
(Siempre que los veo pienso en el viejo realismo socialista inevitablemente. Digamos que son comisarios stalinistas sin pistolas).
Tienen como invitado a Julio Hernández López, conocido como Julio Astillero: un ex priista que alguna vez fue viuda de Colosio.
Como en un hipódromo, los caballos toman posiciones.
Al inicio de la carrera, Ackerman se queda solo.
Solo con su adulación al presidente López Obrador —a quien llama “científico” y casi “Dios”.
La Berman cambia la actitud servil de programas anteriores por una postura inéditamente crítica.
Hernández López es el más centrado.
Cada vez que puede, exhibe las tonterías de Ackerman.
Las desnuda.
Se burla de ellas.
Ackerman lo resiente.
Se enoja.
Reclama con la mirada la traición de la Berman.
No obstante, defiende al nuevo Padrecito de los Pueblos metido en un culto a la personalidad ignominioso.
Ackerman no se apena cuándo lo increpa Hernández López.
Al contrario: se sublima en la cursilería patriotera, siempre desde su dicción de gringo viejo.
—¿AMLO científico? —reprocha el periodista.
—¡Clarou Juliou! ¡Tenemous a un presidente científicou! —responde sin rubor.
Y cuando llegue el día, también dirá que es poeta, pintor, agrónomo, economista y abogado.
Faltaba más.
A estas alturas del programa, la Berman sólo sonríe, burlándose de su compañero de ruta.
Hernández López disfruta evidenciando al esposo de la secretaria de la Función Pública.
Y Ackerman, Ackerman, ufff, demuestra que tiene vocación para varias cosas, sobre todo, sí, para el ridículo.
Algún día no muy lejano podrá ser el autor de líneas como éstas dedicadas al presidente:
“Los escritores ya no saben con quién compararte y nuestros poetas ya no disponen de una cantidad suficiente de perlas lingüísticas para describir tu personalidad”.
O éstas:
“En las primeras horas de la mañana luminosa el camarada AMLO aparece caminando por los dilatados campos de la granja colectiva (…) viste una túnica blanca y lleva el abrigo en el brazo. Su rostro, de expresión exaltada, y toda su figura están iluminados por los áureos rayos del sol primaveral. Uno recuerda los versos del poeta popular: ‘¡Oh! AMLO, el sol primaveral te ilumina… camina confiado hacia la nueva alborada’. (…) La imagen del camarada AMLO es la marcha triunfal del comunismo, el símbolo del coraje, el símbolo de la gloria del pueblo mexicano, que reclama nuevas y heroicas hazañas en beneficio de nuestra gran patria. En esta imagen se fortalecen los rasgos de un hombre sabio, majestuoso y al mismo tiempo notablemente modesto y sin pretensiones, que es nuestro líder bien amado”.
No, no, no es culpa del presidente López Obrador.
El culpable es uno: el camarada Ackerman y su adulación brutal.
Es lo que hay.Día 8 de la cuarentena. Me sorprendo hablando conmigo mismo.
¿Qué cosas me digo?
Cosas incomprensibles porque hablo en una mezcla de náhuatl con tejano.
Algo que suena a la lengua de los tepehuas o los huicholes.
Sé que son malas palabras por el tonito de la voz.
Me asusto.

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