El pecado de Yeidckol

De nueva cuenta el Presidente López Obrador se equivoca. Nadie lo ha señalado como corrupto, en todo caso su válido Alfonso Ramírez Cuéllar es quien pretende llevar a tribunales a su ex válida Yeidckol Polevnsky por el supuesto pago de 395 millones de pesos por servicios no realizados mientras lo suplió en la dirigencia de Morena.

Es Ramírez Cuéllar quien ha puesto en entredicho la honestidad de Yeidckol a quien, hasta antes que su sucesor en Morena la persiguiera por supuesta corrupción, se le criticaba por muchas cosas, una de ellas su obsesión enfermiza por el régimen venezolano, pero no por medrar con su cercanía a López Obrador

Impresiona, eso sí, la capacidad del Presidente para poner distancia con quienes puedan manchar su reputación de campeón de la honestidad.

Esta mañana en Tlaxcala, le preguntaron sobre las acusaciones de Ramirez Cuéllar contra Yeidckol y, en lugar de por lo menos darle una caricia a distancia, se desmarcó como si la secretaria general de Morena pudiese contagiarlo.

“Cero corrupción, cero impunidad, trátese de lo que se trate y les aseguro que no van a poder en ese aspecto con nosotros, a mí me van a seguir cuestionando por cómo hablo, voy a seguir padeciendo de expresiones racistas, van a seguir diciendo que no estoy cuerdo, que estoy loco, van a seguir diciendo que soy un viejo chocho, que ya estoy chocheando, todo eso, pero nunca van a poder decir que soy corrupto”, fue su respuesta.

Pero ni una palabra en defensa de su sucesora en Morena, quizás porque sospecha que Ramírez Cuéllar pretende insinuar que mantiene o mantuvo alguna complicidad con Polevnsky o que la ex dirigente desparramó utilidades entre algunos allegados AAA.

En principio habría que desechar esta posibilidad porque Ramírez Cuéllar no puede ser tan temerario como para amenazar con salpicar de lodo al primer círculo amlista que Yeidckol atendía desde la dirigencia de Morena.

Como sea, no es fácil entender el por qué del enfrentamiento entre los sucesores de AMLO en la dirigencia de Morena en vísperas del proceso electoral de 2021, en el que estarán en juego la mitad de las gubernaturas, sus congresos locales y presidencias municipales, pero sobre todo el control de la Cámara de Diputados en un ambiente político enrarecido que podría ser desfavorable para el partido en el poder.

Se equivocarán quienes supongan que para ganar será suficiente con la popularidad del mandatario que, en junio de 2021, no sabremos en qué niveles estará. Por ahora no es el mejor activo.

Pero al margen de futurismo lo que valdría la pena saber es el por qué la desgracia política de Yeidckol que no merece, siquiera, una palabra solidaria del Presidente, cuando antes lo era todo para él y para sus hijos mayores.

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