El presidente, su cartilla moral y el tiempo de las mujeres

Para Sianya y su generación.

Las mujeres y el Presidente corren en distintos tiempos. Las mujeres dispuestas a darlo todo para erradicar la violencia. Ellas sí están haciendo historia. El presidente añora el tiempo de los valores de la Cartilla Moral. 

Mucho se ha criticado al presidente, Andrés Manuel López Obrador, sobre las evasivas y ambigüedades en el tema de los feminicidios. Molestia e indignación ha generado que el Poder Legislativo no incluyera la violencia sexual como delito grave en la agenda política del país. 

Los grupos feministas reclaman que el presidente no es empático con las mujeres, y que el tema no está en su agenda ni política ni mediática. 

A diferencia de lo que algunos actores sociales consideran, no coincido con la descalificación hacia López Obrador. Él es empático a su manera. Se preocupa por los feminicidios. La violencia y la descomposición social no lo dejan dormir en paz.

Con tropiezos habla de conceptos sin rostro, ni nombres propios.  Repite que se debe reconstruir el tejido social, que la violencia es estructural, y culpa del neoliberalismo, pero no logra incluir en su agenda una política pública que responda las demandas, y así va desgastando sus mañaneras, convirtiéndolas en el chiste o la desgracia del día a día.

Desde luego, su problema es mayor, porque él, es simplemente un presidente anacrónico, que intenta dar respuestas anacrónicas a las demandas de una nueva generación de mujeres que no fueron educadas “a la antigua”. 

Que el país con el que Obrador sueña, ya es otro. Con una generación de jóvenes que confirma que “el hombre se parece más a su tiempo que a su padre”.

Estas niñas y jóvenes que reclaman, gritan y lo queman todo. Son las hijas de las madres que en las décadas de los ochenta y noventa, pelearon desde las trincheras del silencio contra los abusos sexuales en el hogar. 

Ellas pelearon contra el hecho de que sus madres no podían creer el que “el buen tío”, “el gran hermano” o “el generoso abuelo” fuera el que las incomodara y violentara por las noches escondidos tras la dulce imagen del hogar perfecto y la familia perfecta.

Obrador necesita de un mediador, un traductor y un vocero, que transmita a la sociedad y a nuestras hijas, su preocupación sincera, y que hará algo por ellas.

Alguien le debe decir al presidente que nuestras hijas fueron educadas para confiar en que nosotras sus madres les vamos a creer, y que lo vamos a quemar todo si un día ellas no regresan a casa, porque nosotras, sus madres, ya rompimos la barrera del silencio.

A propósito de las Tres Chimeneas, le agradezco a mi querido Mario Alberto Mejía por este espacio dedicado a los lectores hedonistas.

Me quedo con el nombre de Tres Chimeneas, símbolo y testigo del tiempo. Ellas en silencio le recuerdan a la bella Barcelona que ésta, es una lucha entre el olvido y la memoria. Además, es un homenaje al gran geógrafo y ciudadano del mundo Horacio Capel quien me enseñó a amar el patrimonio y a creer en los ciudadanos del mundo, porque a eso aspiro: a un mundo sin fronteras.


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