La intención de extender dos años, la duración del periodo del actual ministro presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, ha sido entendida como un mensaje siciliano.  Algo trae que, la duda, asoma hacia la perversión.

Para unos se trata de una prueba para medir la reacción del electorado ante una aceptación, sobre la reelección, como un proceso normal, propio de una nación democrática en plena transformación.

Para otros, la prueba de la solvencia moral y la firmeza de principios en los ministros actuales y en los que, potencialmente, sienten factible, con el tiempo, su arribo a ese nivel del sistema de justicia, el, hasta antes de este asunto, más respetable poder de esta nación.

Pero para todos, el morbo generalizado de recordar que, ante el arca abierta, como dice la biblia, hasta el más justo peca.

Desde la aprobación de esta intención, ya como mandato legal, el poder Legislativo, sumió en una crisis de confianza ciudadana hacia al poder judicial.  

La tentación de alargar su estancia, como Ministro Presidente, es, ciertamente, difícil de evadir o eludir, para el actual Ministro Presidente.  Es cierto que en ese poder, los procesos llevan tiempo, porque, la reflexión, la revisión de cada asunto que atiende, es de la más elevada importancia en términos de la impartición de justicia. Pero el largo periodo de reflexión, sobre que pensar, cómo atender esta posibilidad, ha hecho más estragos en la autoridad de ese órgano colegiado y eso es lo que nos debe preocupar.

Los humanos somos pasajeros, es cierto, las instituciones, si bien no son para siempre, construyen su majestuosidad y su dignidad en la confianza que se deposite en cada oficina de atención a la ciudadanía.  También su respeto y su credibilidad.

El actual Presidente de la Corte de Justicia Mexicana, dejó pasar mucho tiempo y eso afecta más al propio poder judicial que a su autoridad personal.

En estos días será el pleno de Ministros quien resolverá lo que corresponde, sobre si, se queda otros dos años el actual presidente de la Corte en ese puesto.  Todo sugiere que, resistirán la debilidad de que así sea.

Pero resuelvan lo que resuelvan ese poder, que debería ser el que nunca estuviera en entredicho, queda, al menos, en entredicho en su consistencia humana y en su autonomía.

Podrán decirnos pasado mañana que la idea era hacer congruente la renovación de la Presidencia de la Corte con la de los otros dos poderes federales. Pero no lo dijeron.

Podrán asegurarnos que era con buena intención, pero no puede haber tan buena, si se funda en inconsistencia jurídicas.

Podrán jurarnos que no pasará nada.

Lo cierto es que ya pasó.  Someter a los ministros del pleno de la Corte a una decisión de este tipo, en un contexto en que todo huele raro, no es justa ni para los ministros, que no la pidieron, ni para el poder judicial y menos en una temporada de transformación radical.

Un daño, está hecho, aunque los ministros nos digan en los próximos días, que la voluntad de los otros dos poderes, se ejecute, pero en ¨los bueyes de mi compadre¨ como dice el refrán popular.

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