Ética nueva

Dialogamos con nosotros mismos, para poder dialogar con los demás.  

Intentamos conocernos a nosotros mismos, para poder conocer a los demás.

Evaluamos nuestras capacidades, para poder medir las de los demás.

Y a pesar de hacerlo todos los días, no lo hemos logrado.

Así, sin quererlo, construimos en la incertidumbre, un sendero de certeza, relativa, inestable, efímera, que nos permite entrever posibilidades, como nichos de oportunidad, para convertirlas en probabilidades reales.

Es un movimiento continuo en el que definimos conductas, compartimos o dejamos de compartir ayudas, creencias y esperanzas.  En ese, va y ven,  nuestros actos se convierten en costumbres, instituciones, y finalmente en reglas, para construir la casa común, donde, tenemos que  coexistir.

En ese esfuerzo continuo se nos va la vida. A veces sin entender su dinámica, velocidad y rumbo. Pero se nos va.

Hablamos de regresar a la normalidad de la que fuimos expulsados por un virus que ni nuestros ojos pueden ver.  Pensamos  que este encuentro, desigual e inequitativa, será pronto, un doloroso recuerdo. Deseamos que pase. Necesitamos olvidarlo.  Pero la necia inteligencia nos sugiere lo contrario.

Pensar en esa normalidad,  nos conduce a una situación diferente y nueva para la cual, valores, conductas y solidaridad tienen que ser reconstruidos.Exige aprender las lecciones de nuestra derrota como especie humana. Nos sugiere, recordar sus efectos y en especial sus dolores.

Como generación, al menos mientras se pueda, debemos realizar un esfuerzo adicional para comprender e incorporar los conceptos que queremos integren la nueva normalidad. Integrarlos al dialogo diario, insertarlos en el catálogo de responsabilidades colectivas para rehacer nuestra organización, nuestros objetivos y con urgencia, nuevos mecanismos de defensa y ataque, contra los virus, los enemigos más difíciles de la humanidad.

Hay una nueva naturaleza social y hay una nueva naturaleza del ser humano.  Administrar los nuevos riesgos, que esta pandemia, nos ha expuesto a una revisión formal, honesta y eficiente, a partir de la humildad del desconocimiento, que, nos rehusamos a entender que es la única fuente de inteligencia y grandeza.

Es cierto que la ciencia  y la tecnología trabajan intensamente, quizá como nunca lo habían hecho antes, en otras etapas sociales similares.   Nuestra capacidad de respuesta no solo pide vacunas, solicita conductas diferentes, para innovar significados totales, en nuestros conceptos de salud, individual y pública y transformar nuestro menú de opciones para la vida, ahora que los virus nuevos, nos someten a redimensionar arrogancias y soberbias.

Todo eso, pone en entredicho lo que habíamos creído verdad y verdadero.  Demanda apreciaciones pertinentes sobre la circunstancia y nos orilla a nuevas posturas personales y colectivas.

Los fundamentos y objetivos de la Etica clásica, solo alcanzan a dar bases para una nueva Etica, que nos lleve a redefinir, todo el andamiaje de la cultura, que, habíamos pensado, seria para disfrutar al construir bienestar  y ser felices.

Urge, sobre todo, dejar de creer que la capacidad de la inteligencia humana era infinita, eterna y autodefinible.  Estos tiempos de pandemia, si acaso, solo nos dan la oportunidad para entender que revertir lo que  ahora nos da dolor y desesperanza, tiene que ser a partir de, reconstruir los conceptos que tenemos de nosotros mismos y practicar nuevas conductas que comiencen aceptando que lo de antes, pudiera ya no ser útil.

De ese tamaño es el reto para transitar a una nueva normalidad individual y colectiva. Reconstruir la cultura en la que haremos prevalecer nuestro potencial humano.

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