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La televisión es inevitable, pero también indispensable en la vida de las familias de hoy.

Su presencia es tan importante que buena parte del día, de los días y de los años, estar con la tele ha sido el mayor vínculo de unidad familiar, no exenta de debate, crítica y broncas.

Cuando se puede, esto se resuelve comprando más aparatos.

El crecimiento de la producción televisiva ha sido explosivo y con ello, en la misma magnitud el grado de influencia en las personas, las familias y la sociedad entera.

El científico tenía y tiene razón.  La televisión desconectó el cerebro humano.

Pasamos de aquella vieja definición de  “Homo Sapiens” a la nada honrosa de “homo videns”.

O sea de Pensar a Ver.

Y ahora muchas de las decisiones y acciones que realizamos dependen de la “autoridad” de los señores y señoras de la tele.

No sería malo, pero, hay un problema fundamental, la tele se hizo para distraernos en todos los sentidos de esa palabra.

Nunca hablaron de educar, nunca se comprometieron a la reflexión, menos a la custodia eficiente del patrimonio humanista de la humanidad.

Por eso ahora, los cómicos de tele suelen ser más importantes en la vida de los terrícolas que el más respetable y maduro de los pensadores científicos.

Cosas de la misma vida porque siempre ha sido más atractivo evadir el presente que enfrentarlo.

Y así se dieron las cosas.  La tele acerca, pero limita, atrae, pero no unifica, alerta pero manipula.

En México eso está más que evidente.

No sería más peligroso si la tele se hubiera quedado en el ámbito de la distracción, de la diversión, pero ahora ha ido más allá, su influencia en las decisiones políticas es más que evidente, su injerencia en los asuntos de los gobiernos es más que patente y su capacidad de arbitrio en los temas más importantes de la sociedad es palpable.

El televidente está prácticamente indefenso.  Primero porque no está consciente de esta trama y red que lo atrae, lo captura y lo manipula, segundo porque no existen mecanismos legales para poder intervenir en la programación y los contenidos de la misma tele.

Esta realidad en algo ha ido dispersándose o diluyéndose con la competencia entre empresas tele productoras.

Y por supuesto con la aparición de las redes que dieron una libertad nunca antes imaginada de influencia recíproca entre espectador y empresa productora con un saldo a favor de los espectadores.

Ahora todo lo que digan los señores y señoras de la tele, es inmediatamente refutado en las redes sociales de internet y ello contribuye a deshacer sus perversas garras de manipulación y perversidad.

En otro frente de batalla, la sociedad dio un paso en favor de su tele liberación cuando se rompió el monopolio de TELEVISA en la televisión abierta, hace 23 años cuando apareció la red de TV AZTECA.

El benefició se tradujo en que a partir de ese momento, los televidentes tendrían no una, sino dos, oportunidades para ver el mundo, el estado, nuestras familias y nuestro futuro.

Ayer se dio otro paso importante que rompió el “duopolio”, el monopolio que entre las dos mantienen presos a los  tele espectadores.

Anoche inició la tercera cadena de televisión abierta:   IMAGEN TELEVISION.

La sola presencia de esta nueva opción, abrirá la oportunidad de tener tres oportunidades de ver el mundo, el país, el estado, nuestras familias y nuestro futuro.

Sin embargo no esperemos más.

Con todo la competencia es buena, disminuyen los precios de los anunciantes, diversifican criterios y al menos tendremos nuevos contenidos en los cuales invertir nuestras ansias de cambiar al mundo injusto en el que vivimos, abriendo una puerta falsa por la cual se fuguen nuestras desesperaciones y angustias.

Ahh que difícil desprenderse del BART SIMPSON que llevamos dentro!

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