Izquierda Mexicana

Algo pasa en el mundo que casi todo el debate público es apocalíptico.  Refiere caos, injusticias, delincuencia exacerbada, intranquilidad y desconfianza al grado tal que  los politólogos no alcanzan a diferenciar cual de los males impacta más la vida cotidiana: odios y venganza, o inseguridad y desconfianza,  o corrupción e impunidad.

La nueva generación de líderes políticos ha montado sus estrategias en conducir el hartazgo colectivo hacia el odio y de ahí a las urnas y después  a las venganzas. Han tenido que poner en la escala de prioridades gubernamentales, la batalla contra la corrupción y sus respectivas venganzas en los anteriores políticos, origen y destino de todos los odios.  Han ubicado en segundo lugar atender la inseguridad y al margen de los resultados, ahora tendrán que dedicarle tiempo a reconstruir la economía, víctima de estos males políticos y sociales..

Lo que se ha avanzado ha sido, consecuencia de  la esperanza en el Presidente Lopez Obrador.  Pero aún así, el año que termina nos sugiere cambiar  de asignatura.

No basta perseguir corruptos, no es suficiente contener la delincuencia. Se necesita construir concordia y multiplicar empleo.

Aunque la receta pudiera se calificada de fifí o de contenido neoliberal y conservador, debemos insistir que, al margen de definiciones crear empleo siempre será receta ineludible para disminuir pobreza y producir riqueza social para repartirla mejor.  No hay vuelta atrás. La experiencia de toda la historia no puede despreciarse.

Los primeros experimentos socialistas fracasaron por no saber resolver la paradoja de cual factor de producción privilegiar para evitar que esta realidad apocalíptica perdure.

El mal estado de la economía, está comprobado, ha sido siempre móvil de crisis  de cualquier democracia.

Debemos reactivar la economía si queremos elevar el nivel de bienestar.  Vivir bien no es cuestión de buenos deseos o de excelentes esperanzas.

El pendiente más estratégico de este cabo de año es aprender que nunca será útil para nadie dejar una transformación radical a la fuerza de las ideas, los discursos y las propuestas.  Es cierto que no solo de pan vive el hombre… pero el pan es condición de vida.

Yo creo y espero mucho aún de López Obrador, pero todos los caminos se cruzan en el crecimiento económico.  Primero hay que producir riqueza y luego repartirla diferente a como se ha venido haciendo. No hacerlo así es banalidad fatua, es recordar ese viejo ejercicio de la izquierda romántica de dos pasos pa delante y un paso pa´trás.

Es pasar de una izquierda destructiva a una izquierda reconstructiva.  Es darle a la izquierda la oportunidad de demostrar que el país puede transformarse en lo concreto y de poder construir bienestar duradero sin los errores que la corrupción ha impuesto.

La izquierda que encabeza la transformación radical de México tiene experiencia en todos los sentidos y puede aportar a la teoría de la izquierda mundial, lecciones de oportunidad, eficiencia y suficiencia. 

La verdad es que la izquierda mexicana, la de hoy, tiene todo para cambiar la historia.

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