La cuarentena

Este año, en la aldea, no habrá desfile del 5 de mayo.  No es la primera vez, pero eran dos o tres días a lo máximo.  Ahora llevamos 6 semanas y lo peor, no sabemos cuando terminará.

Sabemos que pronto, ¿pero qué tan pronto y qué es pronto?.  El tiempo tiene impactos y mediciones diferentes, promueve importancias y urgencias, también, diferentes.

Los niños lo sienten, pero no saben por qué.

Los adultos  no lo sienten, pero sí saben por qué.

Los viejos, si lo sienten y saben por qué.

La diferencia entre sentir o no, saber o no, construye la experiencia.

Algunos,  han ido enfrentando la cuarentena en una soledad y aislamiento conscientes y aceptados por conveniencia o por temor. Están, cercanos a los hábitos de los ermitaños. Pero, los ermitaños lo son por decisión propia.

Otros, viven estos días, entre  la soledad, la angustia y la depresión, todas acompañadas del pánico, producto del reproche y la aceptación de nuestras incapacidades, que nos obligan a reconocer nuestro verdadero tamaño y escasa influencia en una naturaleza que, creíamos,  ya habíamos controlado.

Quizá sea mayor la rabia.  ¿Como un bicho invisible, nos demuestra el tamaño de nuestra vulnerabilidad?.  ¿Por qué, siempre por sorpresa y por qué, nadie nos asegura sea la última vez.?

Entre la soberbia y la incapacidad se ha escrito la historia de la humanidad.

Apenas vamos a la mitad de esta megacuarentena, que, en broma, dicen varios, su causa, es, que fueron mellizos, y además, hijos de la prepotencia y del descuido.

Los aprendizajes, pocos o muchos, esperamos sean significativos y perduren largo, larguísimo tiempo.

Necesitamos, también, modifiquen nuestras conductas para siempre y nos recuerden que el respeto a los diferentes hábitats, a los derechos de los demás, así sean animales o plantas, debe ser una norma de convivencia.

Y aun cuando, apenas, a la mitad, debemos pensar en el regreso a la nueva normalidad. Nueva porque, no será igual a la que vivíamos recientemente y porque, el sentido común, nos sugiere la hagamos totalmente diferente.  Es cuestión de Bioética, de una nueva conducta para preservar la vida, pero, en condiciones vivibles y  gratificantes.

Tenemos que construir:

una nueva convivencia.  En sana, pero solidaria distancia.   Sin saludo de manos ni besos, pero con renovadas calidades de afecto, En un aislamiento inteligente, que respete a las demás especies su derecho de convivir en el globo terráqueo y que nos recuerde que, sin ellos, también la vida sería imposible.

Una nueva alianza con la madre naturaleza. El único socio real de la humanidad y al que más hemos robado y ultrajado.

Una nueva cultura de la conservación, alejada del abandono y la destrucción a la que estamos acostumbraos.

Una nueva armonía, que confine la proverbial perversión humana a espacios más administrables.

Pero sobre todo a una nueva honestidad que permita acuerdos y cumplimientos alejados de la ambición y corrupción política y el disimulo, la apatía y la indolencia de todos.

Uff.. imposible?  creo, esta cuarentena,  ya está afectando demasiado mi salud mental.

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