La izquierda de la gravedad

Por Mario Martell

El clown prefiere la barbarie de la risa. La fisura de la ironía, la incertidumbre de lo breve, Renzi es nuestro Aristófanes y Heráclito.

Encuentro esta cita de Los Diarios de Emilio Renzi:“La ironía es un procedimiento negado para la izquierda. Demasiada solemnidad, demasiada seriedad en los objetivos. Todos se toman lo que dicen con demasiada gravedad. Sólo quienes no tienen nada que perder pueden reírse de sí mismos.”
Como el lector sabrá Los Diarios de Emilio Renzi fueron escritos por Ricardo Piglia, el escritor argentino, el mejor discípulo de Borges. O mejor dicho, el mejor discípulo de Ricardo Piglia.
Escudriño con vehemencia en la cita de Renzi. Los políticos siempre huyen de la ironía. Se ciñen a su libreto. No me imagino a Stalin aceptando alguna observación irónica.
Tampoco creo que el Che, en su búsqueda del hombre nuevo che-guevarista se haya sentido a gusto con alguna ironía. No tenía tiempo para estas banalidades pequeño-burguesas.
La revolución o la república del bienestar o la república amorosa requieren seriedad. Una solemnidad incomprensible para la literatura. Una entrega religiosa, que nos recuerda la pasión de los anacoretas, pero sin la humildad del sermón de la montaña.
La república del amor es más cercana al filósofo Platón que al irredento de Aristófanes para quien poetas y dioses, podían ser tema de mofa.
El enorme peso de la revolución o de la cuarta transformación lo carga sobre sus hombros el revolucionario frenético.
El ensimismado pueblo que quisiera empalar la realidad si la realidad no es revolucionaria.
El pueblo bueno que repartió Regeneración años atrás, y que hoy realiza una gimnasia mental para auto-explicarse porque México sigue siendo neoliberal y ahora reprime a electricistas y a opositores a los proyectos de muerte.
Escribe Renzi: “Todos se toman lo que dicen con demasiada gravedad”.
El mejor Monsiváis no era el que subía a los templetes a dar arengas o el que se escuchaba pláticas revolucionarias en la selva lacandona.
La mejor versión revolucionaria del subcomandante Marcos, hoy Galeano, es cuando ironiza con Durito o se burla de sus monólogos, para darse un respiro en su retórica zapatista.
Los políticos nunca se toman a sí mismos como víctimas de sus bromas. El humor sin víctima no existe. Prefieren airear sus contratiempos políticos descubriendo adversarios o descalificando afrentas imaginarias.
Ponen a la historia de su lado.
Los políticos quieren conquistar el alma y el cuerpo de los ciudadanos, lo mismo acuden al marketing político que al clientelismo, a los bots y a los monumentos. El cautiverio de los otros es su zona de confort.

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