Los desafíos del país ante el Covid 19

Por Celina Peña

Mucho hemos especulado sobre la cuarentena y los encierros obligados, sobre comprar y guardar para evitar los futuros días de la crisis. Hemos visto videos y fotografías del encierro total en Italia y España y de cómo las personas que desafíen a la ley pueden correr el riesgo de enfrentar multas de hasta 900 euros por salir a la calle.

En Estados Unidos, incluso hay histeria colectiva por las compras, y poco a poco, vamos viendo la escalada de medidas que nos llevan al cierre de escuelas, cines y espacios de encuentros públicos, pero nuestro país va no sólo lento sino con miedo.

El presidente ya realizó una reunión del gabinete en la que además se retomaron temas como la crisis del petróleo y la caída estrepitosa del peso, sin embargo, la preocupación central es y será, cómo lograr una verdadera cuarentena en el país, cómo encerrar a toda la población en sus hogares, sin que la mayoría de ellos muera de hambre en el intento.

El virus sin duda es el mismo, los retos y los países son distintos, gran parte de la economía que sostiene a las familias mexicanas es informal, y para muchos encerrarse es vivir los verdaderos “juegos del hambre”.

Qué pasará con las personas que requieren salir a vender jugos, memelas, tamales, tacos, esquites, si no habrá en las calles compradores. A quién le cantarán los jóvenes que guitarra en mano suben microbús tras microbús  surfeando la ciudad en tono de Do menor con “¿quién te cantará? Con esta guitarra”.

Qué pasará con los vendedores que ofrecen productos y servicios casa por casa o en los cruceros, si nadie abrirá la puerta, a quién le podrían emitir una multa o un cheque de apoyo si gran parte de nuestra población ni siquiera tiene una cuenta de banco y menos sabe utilizar una tarjeta.

Dónde se guarecerán los miles de indigentes que lo mismo viven afuera del antiguo teatro blanquita en la ciudad de México, que, en las calles del centro histórico de la ciudad de Puebla, y ni hablemos de las mujeres que forzadas venden su cuerpo – en esa cadena de explotación y trata de personas que provoca la prostitución – cómo cubrirán sus cuotas. Qué será de los conductores de Uber, DIDI, para reunir su ingreso mínimo diario. Qué pasará con los taxistas y los conductores de microbuses que corren día a día por llevar la cuenta. 

La economía del país se mueve en ese flujo informal de servicios y mercancías donde el Estado no le brinda protección a nadie.  

No creo que el presidente y ninguno de los gobiernos estatal y local estén listos para enfrentar una crisis con respuestas como la italiana o la española, para repartir alimentos o bien proporcionar servicios a domicilio. ¿Será por eso que el presidente López Obrador va a paso lento en el cierre de puertas de nuestra economía y de nuestro propio país? Tiempo al tiempo.

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