Medicos

Tengo muy claro el valor de un Médico. Dios me dió la bendición de vivir con un niño que desde los 6 años dijo qe sería médico. Y lo fué y todos sabemos que el doc Juan Manuel fué INSTRUMENTO DE DIOS PARA NUESTRA SALUD. 

Hoy lo recuerdo especialmente. Investido con el uniforme quirúrgico, con las manos bendecidas por la sangre y siempre, mañana, tarde y noche, todos los días al lado de sus pacientes y en su quirófano, donde Dios le llamó para tenerlo a su lado. 

Por eso quiero mucho a los médicos y a las doctoras, porque en cada uno de ellos veo el compromiso y la voluntad de mantenernos vivos, que con su vida nos enseño el Doc Juan Manuel Reyes Cardoso.

Sin embargo me preocupan muchas circunstancias donde los propios médicos y sus pacientes olvidamos su consistencia humana.  Les pedimos centren toda su atención en nuestros padecimientos, compartan toda su experiencia en ayudarnos a resolverlos, pero nunca devolvemos esa solidaridad cuando ellos también la necesitan y la merecen.

Dos condiciones son especialmente significativas. Por un lado un trabajo permanente y bien remunerado  en la mayoría de los médicos que asisten en los servicios públicos como la Secretaría de Salud, IMSS, ISSSTE, ISSTEP,  entre otros. La carga de trabajo es excesiva, urgente y contrastan con los buenos propósitos de los médicos, especialmente ahora en la 4a. transformación con mayor intensidad.  Faltan medicamentos, materiales y medicinas, lo que no es su responsabilidad y que sin embargo reciben las quejas, los insultos y los malos tratos de muchos de sus derechohabientes.

Los médicos ahí están y siempre comparten sus conocimientos y experiencias, pero en los sistemas institucionales de salud, eso a veces parece no ser significativo para los derechohabientes que olvidan o no quieren entender que las decisiones que afectan sus posibilidades de atención dependen de políticos, ahora más preocupados por una austeridad que raya en la irresponsabilidad y por repartir dinero en otros sectores, condenan a la  atención médica a una segunda prioridad.

La otra condición se deriva de la calidad humana, muy propia en la búsqueda del ingreso o de la comida, pero nada honesta y sobre todo injusta.   Es una industria totalmente perversa, la que en manos de abogados de pocos escrúpulos y muchas necesidades insatisfechas, andan de hospital en hospital indagando con toda la mala intención, la posible existencia de negligencias o mejor dicho, de oportunidades de transformar hechos de atención sanitaria en posibles responsabilidades que pudieran constituir materia de delito.

No justifico ni acepto que los errores profesionales deban dejarse sin atender y corregir.  Pero muchas veces la intención de imputar o vincular a un profesional de la salud, raya en la ambición y la avaricia.  Conozco casos donde la defensa de los derechos de un paciente trascienden a jugosos negocios a cargo de profesionales del derecho  que solo intentan lucrar con el dolor.

En las responsabilidades de la Bioetica estarían resumidas todas las oportunidades de un servicio eficaz de salud.  Pero en la ausencia de una practica ética de los profesionales del derecho, también podríamos sintetizar toda la mala calidad humana.

Y contra todo ello, los médicos tienen que ejercer, aún valorando los riesgos de esa incomprensión y ambición humanas.

En estos días de total indolencia e ingratitud, valoro el servicio de los médicos y doctoras y me gustaría que todos, pacientes o no, contribuyéramos a un entorno social mas respetuoso, comprensivo y agradecido,  donde los doctores podrán darnos más.

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