Motte Ruíz

Teziutlán es nuestra micro nación, única y auténtica.

Por eso, siempre será útil, reconocer la utilidad social de descubrir nuestra micro historia.

Cada vez que identificamos  las razones de ese esfuerzo y nos insertarnos en sus formas de hacerlo,  entendemos cómo los sueños, costumbres y tradiciones se convirtieron en instituciones.

La crónica es el mejor genero de la literatura mexicana porque reune, reintegra y analiza evidencias y testimonios que se convierten en una platica que todos entendemos.

José Motte Ruíz  es el cronista de Teziutlán. Su crónica nos acerca al valor de la tradición oral y es la mejor aproximación a nuestros orígenes, propósitos y tradiciones como pueblo y la convierte en fuerza y aliento para continuar tejiendo con ideas propias más valor teziuteco para compartir con  nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos.

El trabajo de Motte Ruíz en  varios libros, ensayos y relatos construye   auténtica historia, con paciencia y entusiasmo, con método y pasión, fuera de la especulación y la fantasía. 

Cada crónica de Motte Ruíz es realidad justa   porque partiendo siempre del supremo valor del origen teziuteco y  del amor al terruño hace, que lo mas significativo trascienda, se convierta en lección y ofrezca patrimonio y herencia que construye identidad, orgullo y trascendencia y nos capacita para conservar y defender  el patrimonio cultural de nuestra comunidad.

Por eso los teziutecos debemos  mucho a nuestro cronista José Motte Ruíz porque convierte en documentos indelebles pequeños trayectos del esfuerzo local y los hace base confiable para  la interpretación de los porqués que animan nuestro caminar como un pueblo comprometido para descubrir su propia historia y conservar la memoria del esfuerzo individual y colectivo  que cada vez que Motte Ruíz revive, la redignifica, no solo para que no se pierda o se olvide, también para que se practique y se enriquezca.

El sábado pasado, Motte Ruíz, presentó su último libro sobre la Génesis del  Centro Escolar Presidente Manuel Avila Camacho y en cada párrafo recuerda la emoción de las actividades artísticas y deportivas que crearon un modelo educativo único y  recrea la utilidad de cada una de las clases impartidas en sus aulas, que ahí aprendieron miles de hombres y mujeres de Teziutlán y otros que sin haber nacido aquí, se hicieron teziutecos de razón y disciplina.

El libro nos reubica en una época de bonanza para esta región Serrano Costeña y nos revela las decisiones de teziutecos que nunca olvidaron ni renegaron su ser teziuteco. Nos vincula con sus razones que dieron Génesis a esta importantísima institución educativa. Nos aporta recursos testimoniales de valor incalculable y con sus narraciones honestas, nos reencuentra con la verdadera razón de nuestra micro historia.  Nos la cuenta, nos la platica con ese lenguaje cotidiano con el los teziutecos decimos nuestras verdades cuando besamos la cruz entretejida de nuestros dedos para asegurar verdad en ese ¨chihue, chihue de a madreque consagra que ya no hay más verdad que esta.

 Así recibimos este libro, así lo agradecemos y así lo entregaremos en su tiempo a nuestros hijos a los que diremos con voz firme y categórica que es una crónica confiable para que ellos se reconozcan sin embelesos, sin vanidades: teziutecos de verdad y con sus actos redignifiquen la calidad única, irrepetible del ser teziuteco.

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