Las elecciones sirvieron de distractor, no cómo los estrategas del liderazgo hubieran querido, pero sirvieron de eso precisamente.  Nos distanciaron, que no separaron, de la nueva normalidad en la que vivimos los ciudadanos del planeta.

Nos separaron de las dudas y desconfianzas sobre su verdad. Nos incluyeron en un tobogán de falsedades, perversidades, mitos y, pasado un año, leyendas.

Ahora en la normalidad presente, ya poco tiene de nueva, hay que construir una, esta sí, nueva cultura, para una convivencia inteligente y eficiente.  No hay de otra.

Habría algunas condiciones generales que integran la actual coyuntura:

Una rara mezcla de conectarnos, sin estar juntos, en un mundo superconectado.  Las redes son, ahora, el espacio real de la sociedad, en las cuales, lo único que aún no hemos podido realizar, sería el amor, visto con los criterios antiguos, es decir, como los hacíamos antes del virus.

La realidad virtual supera la fantasía de la imaginación y de la especulación. Todo es posible en un click, una videollamada y en un ¨tiktokeante¨ mundo, muy acorde con la realidad cambiante, fundible, distorsionable, pero atada al supremo poder de nuestra mano, o, mejor dicho, de nuestro celular.

La nueva cultura, apenas comienza y ya ha dado destino a la educación, será híbrida y para siempre.   Así que ahora, en agosto,  habrá que incluir los nuevos instrumentos educacionales  que, si se llega a poder, por eso de los rebrotes, solo iremos al antiguo edificio, a clases prácticas, o de afianzamiento de aprendizajes, que, finalmente, se reconocen, deben construirse en casa, donde siempre se supuso, se construían desde antes.

En la construcción de nuestras nuevas percepciones, se incluye ya, una clara diferenciación entre miedo y temor.   Dejar el miedo, esa condición que nos hace débiles, sumisos y a veces, inservibles, para caminar, mejor, con el temor, que no es lo mismo.   El temor es síndrome, que nos previene y protege, mientras que el miedo, nos destruye.

Así que la cultura nueva, deberá continuar  amarrada al prefijo, -bio-, pero complementada con tres adverbios de ¨sobrevivencia¨, nuevos en su entendimiento.    Los tres son de conducta y acatamiento.  Etica, para la convivencia respetuosa y garante de la subsistencia de la comunidad; Protección, para consolidar las responsabilidades sobre nuestras  personas  y seguridad, para hagams, más evidentes y eficientes, las estrategias y las acciones de las familias, las empresas y los colectivos de todo tipo

Así habrá que ver ahora, los tres referentes de la conducta individual y colectiva, fundados en la Bioética, la Bioprotección y la Bioseguridad.

Sin una cultura que nos convenza de entenderlas, practicarlas y convertirlas en protocolos indispensables, no habrá vida segura, menos conveniente y heredable

Con esas enseñanzas del virus, nuestro nuevo compañero de viaje, habrá que empezar a rediseñar y rehacer nuestra vida, donde quedarse en casa, nos previene de algo, pero nos compromete en otras.  Ni modo, la vida viene  siempre en ese círculo virtuoso: estar vivos, pero produciendo, nuestra propia vida.

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