Por Mario Martell

Cerramos el año y llegamos a la festividad cristiana de la Navidad.

Cantamos las posadas con un dejo de nostalgia en grupos minúsculos mientras la cera de las velas se derrite y nos queda poco espacio para la ironía.
Prendemos la televisión y hallamos nuevas noticias sobre una cepa más contagiosa del COVID-19.
Nos encontramos con la novedad de que en Netflix, aparece un Charly García, de reflejos lentos y escuchamos con nostalgia el Piano Bar de Charly García.
La revolución esperada desde el 68 y el 88 fue bastante decepcionante. Nuestros amigos que soñaban con la revolución se encaramaron en las consignas anti-sistema para volverse parte del sistema.
Parece que el PRI dejó de ser un partido político para volverse una metafísica del poder del que ya nadie podrá salir.
De pronto, descubrimos que en México no hubo ni Primavera de Praga ni revolución de terciopelo.
Solamente que la lógica del amo y del esclavo cambio de colorcitos.
Un poco de parricidio ideológico no le hace mal a ningún sistema, pero los parricidas de ayer son hoy los sepultureros de sí mismos.
A veces, da la impresión que los conservadores del pasado serían hoy una joya de extremismo democrático.
En tanto, cada quien sueña con la Navidad, suelen aparecer las pesadillas.
La lógica de Mad Max resultó una metáfora poderosa.
Cada quién tiene los gobernantes que se merece, escuchó en la mesa de al lado, un par de jóvenes discuten sobre la pesadez que es vivir en México y de cómo la generación de sus padres es obsoleta y reaccionaria.
Cada vez que ingreso en una librería me sorprendo de cuan desarrollada se encuentra la industria editorial.
Abro al azar algún libro cuya portada me resulte atractiva, avanzo algunos párrafos y me limito a creer que no hay nada bajo el sol.
Me lleno de optimismo.
Todo lo que nos rodea son los monstruos de la razón, de esa razón que inventamos algún día imaginando un futuro mejor.
El futuro es una repetición del pasado.
El instante que se fue es una fusión de lo que fuimos y seremos.
La publicidad del café dice “Llevemos la magia”.

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