Percepción

En política no todo lo que se ve, oye, platica, es la verdad.

Cada actor político en sus ideas, sus propuestas, sus discursos es sometido a un escrutinio de analistas, seguidores y opositores y cada uno ve, oye, platica lo que a cada uno le parece, le conviene o puede.   Nada es verdad, nada es mentira, dice el refrán popular, todo es del color con el cristal con que se mira.

Un solo concepto, una sola frase, una sola oración, admite muchas lecturas y por lo mismo, diferentes manejos a conveniencia.

Por eso, para un gobierno, lo importante es lo que la gente, cree ver, cree oír, cree entender, es decir, la percepción que tiene cada grupo social en particular, no es única ni mucho menos unitaria. Y eso es lo que hace difícil su uso tanto en el ejercicio gubernamental como en una campaña electoral.

Por eso, las campañas políticas abandonan la realidad y se convierten en una guerra de ¨imágenes¨.  Recursos visuales, auditivos, mensajes diseñados a propósito de un objetivo político enviados a los electores a través de estrategias comunicacionales, por tierra y aire, así le dicen los operadores, tierra, mano a mano, casas, reuniones y aire, a través de los medios masivos de comunicación incluidos los digitales.

La idea central de una campaña electoral es alejar, lo más posible, a los electores, de su realidad real, y llevarlos mediante argucias de seducción a una realidad diferente.  Se diría virtual, es decir, imaginaria, de ensueño.

Y casi siempre lo logran.  Dos razones les ayudan. Una tiene que ver con la ausencia del habito de la lectura y la reflexión que los electores, sobre todo los de menos ingresos, al mismo tiempo el mayor segmento de votantes reales y otra le efectividad de las ¨emociones ¨.     Si el mensaje audiovisual emociona al elector, todo está resuelto a favor de los candidatos y partidos que utilizan esa campaña de publicidad o propaganda.

Ese riesgo estará presente durante estos 17 meses de preparación y ejecución de la campaña electoral del primer domingo del 2021.

Las seducciones de las ¨emociones ¨se convierten en un nuevo pecado capital mas allá de los 7 que maneja la iglesia católica.  Y en la arquitectura de esa doctrina el elector debe hacer el mismo ejercicio que cuando nos preguntaban en el catecismo…Contra Avaricia…generosidad, contra lujuria..castidad, contra gula….templanza, contra pereza…diligencia, contra ira…paciencia, contra envidia…caridad, contra soberbia….humildad.

La emoción  es un error en el elector que admitiría la clasificación de capital porque es gestora de muchos otros problemas y riesgos contra el mismo elector.  Y si vota ¨emocionado¨cometería un grave error, que es cambiar su propia percepción de las dificultades en que vive, de los deseos que aspira a realizar, del valor de su propio voto, cambiarla, substituyendola por la nueva percepción, la que le oculta verdades, manipula sus instintos y lo conduce a ciegas a donde, candidatos y partidos quieren que habite, temporalmente, mientras dura la campaña y pasa la fecha de la elección.  Lo que sigue es regresar a la terrible realidad y comprobar que el elector ha desperdiciado, una vez más, el poder de su voto, el valor de su voto y su capacidad de cambiar la realidad en que habita y le duele, le enoja y le desespera.

Cosas de la política moderna que sugieren al elector blindarse contra esa guerra de emociones.

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