Política 21: Los partidos políticos

Las leyes mexicanas consideran a los partidos políticos como organizaciones de interés público cuyo objetivo es servir de camino entre los electores y los puestos de elección popular.

En México ninguno podría ser funcionario electo sin pasar por un partido político reconocido y autorizado por las leyes, aunque recientemente se estableció la figura de ¨candidato independiente¨, que en teoría no necesitaría partido político para postularse.  Esta figura esta prácticamente en desuso porque piden tantos requisitos y se someten a procesos procedimientos muy complicados. Todo indica que se generaron esos tipos de candidatura pero en la vida real se les impide serlo.

Los partidos políticos no son para siempre.

En primer lugar porque deben agrupar electores en torno de una ideología concreta, un programa de trabajo y estatutos propios.  Desde hace unos 10 años, la ideología, aunque existe por escrito, ha dejado de utilizarse. Los partidos se han hecho muy prácticos, es decir, actúan en cada proceso electoral postulando ideas que estén de moda o que puedan convencer a los electores por razones del momento.  

Lo más riesgoso para el elector son estos cambios frecuentes de pensar, de ideas y de valores. Y si los partidos políticos son camino, estos deberían ser bien definidos, claros y permanentes.  Por estos cambios de ideología demostrados por sus trabajos en campañas y por la realización de coaliciones o alianzas electorales, incluso con partidos que piensan totalmente al revés entre ellos, los electores han tenido que modificar sus razones para militar en un partido y también para votar.

Ahora existe un ¨mercado electoral¨, y como su nombre lo dice, compran y venden votos.  Esto por supuesto está prohibido por la ley, pero en la vida real se hace y cada día hasta de manera ya muy pública y sin rubor.  Las posibilidades para ganar una elección, en un partido o en un candidato radica entonces en su capacidad financiera, es decir, si tiene dinero para comprar o no.

Los partidos además deben demostrar en cada elección tener un  mínimo de votos de un 3% del total de votantes. Si no lo obtiene pierde su reconocimiento.

Por eso, los partidos políticos no son los mismos en cada elección.

Los militantes de un partido político tampoco son para siempre.

Buena razón para cambiar de partido en cada elección es la cantidad de dinero que les ofrezcan por su voto y otra es un berrinche por la coalición electoral que un partido realice con otros, en especial si el otro partido no es del agrado del militante.

Cada día, son menos los electores que se mantienen fieles a su militancia, además porque en cada partido existen élites federales o estatales que determinan, en la vida real, la asignación de las candidaturas y está evidente que son grupos de amigos, camarillas, que se reparten los puestos en función de las posibilidades de la ley y muchos militantes de base, no entran, siquiera en el reparto de candidaturas, ni como suplentes.

Los partidos políticos deben aprender por lo tanto, 3 experiencias  de la naturaleza política mexicana contemporánea:

  1. no descuidar su relación interna con sus militantes ni confundir que su militancia es de carácter obligatorio.  Cada elección deben conseguir militantes nuevos y adicionales, se llaman ¨indecisos¨porque la militancia de siempre, cada campaña es menor.
  2. Que la conducta de quien vende su voto, en un mercado electoral, exige su pago inmediato, porque, en modelos anteriores solo les ofrecían y casi nada les cumplían.
  3. Que los nuevos electores siempre serán diferentes en cada campaña. Las malas experiencias con los partidos políticos, los nuevos medios digitales de comunicación, los hacen cada elección de mayores dificultades para convencerlos.

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