Recuperar y reencontrar

La historia de Teziutlán, como todas, es resultado del trabajo colectivo, a veces con la ayuda de las autoridades, a veces en contra, a veces a pesar de ellas.  Nada debe ser olvidado, nada debe ser desapercibido. Los hechos están ahí, así sea arrinconados y polvosos.

Un día, por mandato de un presiente municipal,  cerraron una calle, simbólica, para mí y para muchos de los que desde los 60s hicimos de esta, el camino de la escuela al barrio, del barrio a la escuela, a la barda del parque, y de ahí a todos los rumbos de la ciudad.

Ese sendero de alegría y esperanza, de repente fué techado con nylons y cercado con laminas y toldos escondiendo minipasillos formando un laberinto oscuro, adentrándose en los portales de mi escuela primaria y forzándonos a olvidar el escaso sol o la abundante neblina y lluvia que como niños disfrutábamos tanto.

El comercio es algo moralmente válido y útil.  Cerrar mi calle, no lo sería tanto. Y no porque tendríamos que dar la vuelta. No, por supuesto que no.  Dolía partir la ciudad en dos y para los que nacimos, vivimos y existimos gracias al barrio de la Gloria, era algo especialmente significativo.

Ahora ese tapón urbano ha desaparecido y hemos recuperado el espacio que era nuestro.  Pero lo más importante es que recuperamos memoria y recuperamos el respeto a la opinión colectiva.  Recuperamos algo que desde siempre era nuestro.

La nueva calle Altagracia Calderón, además es un espacio  para la cultura y el reencuentro de los teziutecos. La he caminado varias veces y en cada una de ellas, reidentifico esos valores del barrio, del lodazal y de los mapaches, que Don Angel, el zapatero de mi barrio, o Carmelita, la Reina del Café habrían consagrado como parte de nuestra gloria. Recuerdo también a Don Ramoncito Tapia y su tienda de abarrotes,  la tienda de Don Cristobal, la Dulcelandia y los pasteles de la madrina Jose Juárez o al eterno silbante artesano de guitarras y violines con Ricardo Leon, que siempre nos saludaba. Ahora veo mejor todos los comercios del exterior del mercado viejito, el original, no el de los pegotes posteriores y lo más importante, llego más rápido al parque y a mi barda desde donde, adolescente, aprendi a comprender la nobleza de nuestro espíritu serrano.

Pero sobre todo, revivo ir de la mano de mi maestra de la Vida,  Margarita Cardoso, mi madre, de prisa en las mañanas para llegar a nuestra Escuela Hidalgo, lloviera, tronara o relampagueara y al regreso, la vuelvo a ver con los brazos siempre llenos de fruta, verduras y productos que muchas mamás de sus alumnos le regalaban a su paso por esa vendimia clásica de nuestras marchantas a las que saludaba en mexicano.

Qué milagros hace una callecita, quizá la más corta de Teziutlán, pero para muchos teziutecos la más importante en su vida cotidiana donde se construye la verdadera felicidad de ser teziuteco.

Carlos Peredo ejecutó una decisión, oportuna y suficiente, que a muchas familias de Teziutlán y de quienes nos visitan permite recuperar una dignidad pisoteada.  

95 presidentes municipales han hecho mucho o poco, lo han hecho bien o mal.  Algunos les han reconocido que su aportación fue útil y por eso 3, solo tres de ellos,  lo han sido dos veces. Solo Carlos Peredo, lo es por tercera vez y eso le dá un lugar especial en la historia teziuteca. Al César lo que es del César.

Fotografía: Moshe Photography

Comments

comments

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: