Sismo en tiempos de Covid-19

Cada semana parece el capítulo de una serie de Netflix.

El pasado martes nos dio una sacudida el sismo de 7.5 grados Richter de una manera totalmente distinta. Por años, en simulacros nos han dado lecciones de que tenemos alrededor de 40 segundos para salir. En las escuelas nos hemos formado para armar comisiones y grupos en oficinas y escuelas para atender cualquier contingencia.

El martes muchos debieron agregar a sus 40 segundos de salida el cubre bocas, y evitar el contacto. En México como clientes frecuentes de los temblores siempre nos hemos abrazado a desconocidos; esta bella costumbre fue cosa del pasado, la nueva normalidad nos pide que no tengamos contacto con las personas, que guardemos la distancia.

Me pregunto si las personas que tuvieron que bajar de las oficinas y los pocos comercios del Centro Histórico de la ciudad de Puebla, se preocuparon por mantener la distancia, en las pequeñas calles donde techos y cornisas son un peligro latente.

La respuesta es obvia.

Otro rasgo de la nueva normalidad fue que esta vez en lugar que los maestros y estudiantes salieran de sus salones de clase, fueron las madres y padres de familia para sacar a sus hijos de sus casas.

Este 2020 sin duda ha sido un año radicalmente distinto.

Aprendimos a comunicarnos a través del Zoom y a realizar home office sin horarios, volviéndonos disponibles a cualquier hora.

Seguimos las reglas de la sana distancia y descubrimos que vivimos en una sociedad profundamente desigual donde sólo un sector de la sociedad puede permanecer en el confinamiento y que existe un sector que sí puede guardar el confinamiento.

Dejamos los excesos de las concentraciones masivas.

Y la única frontera que cruzamos es la de la puerta de la casa cuando vamos al mercado o al supermercado extremando precauciones.

Nos hemos visto en la necesidad de modificarlo todo.

Vivimos tiempos de incertidumbre económica, de incertidumbre en cuanto si sobreviviremos al COVID-19, de si lograremos aplanar la curva, de qué sucederá con la economía.

Apenas vamos a medio año de este 2020 con un movimiento telúrico que nos dejó con las piernitas temblando.

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