Turismo político

TEMARIO DE LA ELECCIÓN 21

Para votar y ser votados, los ciudadanos deben hacerlo por conducto de los partidos políticos que tienen reconocimiento de la ley.

Existen diversos perfiles de elector y eso exige identidad en pensamiento, programas de trabajo y formas de lograrlo.  A esa diversidad se le conoce como Pluralidad. La ley respeta esa naturaleza del electorado y por eso, permite que existan diferentes partidos políticos. 

Se supone que los partidos deberían aglutinar a los ciudadanos que coincidan con ellos durante el largo plazo y convertirlos en militantes leales y votantes eficientes. Pero eso no sucede ahora, porque los partidos y sus ciudadanos perdieron esa identidad. Lo hicieron mutuamente.  Los partidos traicionaron la confianza y la identidad de los electores y los electores se alejaron insatisfechos y enojados.

Ambos iniciaron un peregrinaje de inestabilidad. Los partidos guardaron en el cajón sus principios y se convirtieron en agencias vendedoras de ilusiones de corto plazo y los electores en vendedores, sin vergüenza alguna,  de su voto. Así de una batalla por ideas y proyectos, los partidos y los votantes generaron un mercado con compras y ventas de los votos, sin garantía de beneficios para los votantes y acuerdos efímeros. Beneficios solo los grupos que sea adueñaron de los partidos.  La corrupción en todas sus formas domina y decide la importancia de los electores, de sus votos y de la manera en que se administra inmoralmente sus capacidades de decisión en los asuntos de interés público.

Partidos corruptos y traidores a sus militantes.  Electores inestables y convenencieros, legislación electoral de corto plazo y la práctica alejada de las ideas y los proyectos de largo plazo, condenaron a la democracia mexicana a la incertidumbre, a la inestabilidad y a la negociación en todas sus expresiones, que alejan a los electores, cada vez más, de una intervención efectiva en las decisiones políticas y prostituyen el valor real del voto y los votantes. 

Partidos y electores viajan ahora en una especie de turismo político, para donde el viento orienta sus posibilidades de subsistir en el mercado electoral y los convierte en migrantes políticos que van de un lado a otro comprando o vendiendo su voto, según el temporal se los permita. Ninguno entiende el valor del largo plazo para construir al país y los partidos se han convertido  en las agencias compradoras de votos. De las ideas y los proyectos de nación nadie se acuerda, alguna referencia en los discursos de los candidatos que todos saben son palabras sin compromiso real y duradero.

Hasta hace unos 20 años, los militantes se comprometían a permanecer y trabajar en un partido político toda su vida política productiva.  Ninguno se hubiera imaginado que tendría que cambiar de partido. Ningún partido habría incluido en su agenda de trabajo, la incómoda y cada día más cara, búsqueda y compra de adhesiones y amores falsos, aunque sea por una sola elección. Ahora, líderes de partidos, altos, medios y bajos, militantes importantes o soldados rasos, hacen de su capacidad de cambio de partido el valor que les pueda dar alguna ganancia insignificantes, y antes de cada elección, por su voto, porque después ya en el gobierno, ni los ven, ni los oyen, menos les cumplen.

La alternancia de un partido en el gobierno fue la expresión justa e inteligente para la insatisfacción y el coraje contra los partidos que traicionan el voto, no cumplieron sus compromisos de campaña y discriminan la capacidad real de los votantes para gobernar.

La alternancia nos demostró un nuevo camino para actualizar nuestra democracia aunque deja, la mayor carga de trabajo en los votantes, porque los partidos pocas ganas tienen de moverse y perder sus áreas de confort y beneficios.  No hay de otra, los votantes tenemos que trabajar más para recuperar el valor real de nuestro voto y exigir que los partidos regresen a una representación honesta y eficiente de los electores. 

Urge revisar y redefinir el papel de los partidos políticos, iniciarlos en juego limpio y honesto, quitarles el dinero que el pueblo trabajador aporta para ellos y exigirles que sea cual sea el papel que el voto les confiera, como gobierno o partidos de oposición, cumplan con ese mandato de las urnas y hagan que la democracia recupere valor y eficiencia. 

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DE LA DEMOCRACIA A LA PARTIDOCRACIA Y  A LOS ACUERDOS EN LO OSCURITO.

Los mexicanos aún estamos lejos de una democracia eficiente para todos. La pobreza, la marginación de la mayoría de habitantes, la corrupción y la impunidad, la débil y nada permanente intervención del electorado en las decisiones colectivas que norman y conducen nuestras vidas, son defectos de un largo camino recorrido, en el cual, los cambios obtenidos son aún insuficientes y en algunos casos, nefastos.

Los partidos políticos se crearon como canales para conducir, ideas, decisiones y trabajo de todos los habitantes. Pero hubo un tiempo en que para subsistir el partido actual más viejo, tuvo que crear otros partidos políticos que le acompañaran en una democracia simulada que le permitiera, prologar su estancia en el poder público y callar voces inconformes. 

La partidocracia aparece como un sustituto practico, operativamente más fácil, pero inconveniente para el país y  para el electorado, porque suplió a los votantes y los condenó solo a votar, en un ejercicio de muy dudosa claridad y reputación.

El gobierno, durante muchos años, llegó a creer que acordar con los líderes de los partidos políticos era acordar con los electores, pero sin los electores, total, para eso estaban los partidos que los ¨representaban¨. Al  darle a esos acuerdos, muchos públicos y hasta consignados en la ley, otros, la mayoría en lo oscurito, ese carácter de legitimidad, los electores solo servían para votar en las votaciones, donde muchas veces, fueran o no a las urnas, contaba su voto.

La elección del año 2000 demostró que esas substituciones iniciaban su camino al destierro.  La alternancia demostró que sí se podía cambiar de partido en el gobierno y de ahí, con diferentes intensidades, abrir un periodo de transformación real en la vida democrática del pais.

La elección del año 2018, nos coloca en la posibilidad real de darle una transformación real y duradera.  Ese es el reto. 

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