Vacunas

Requerimos un nuevo tipo de blindaje. 

Todos pensamos en las vacunas que eviten nuevas catástrofes epidemiológicas, pero no hemos pensado en una que nos prevenga para entender y enfrentar  las ¨nuevas normalidades¨ que ocasionan.

Las epidemias globales, serán, lamentablemente ejercicios reales, frecuentes e inevitables.  Parte de la eficiencia de la ciencia es prevenir, pero, hasta ahora,  la mejor parte ha sido  remediar.  La naturaleza en su sabiduría guarda muchos secretos a los que apenas atisbamos y con muchas dificultades de predicción y certeza.

No somos pesimistas, pero tampoco podemos ser ilusos.

Ninguno quiere volver a padecer lo mismo. Quizás pudiera consolarnos desear que, aun cuando se repitieran las catastrofes, fueran diferentes, menos dolorosas y perjudiciales. 

Sin embargo, a pesar de los riesgos, que ya hemos visto, se cumplen, y de los costos que también hemos comprobado, pagamos, todos queremos volver a vivir como vivimos antes de las anormalidades. 

Por eso la insistencia para definirlas como  ¨nuevas¨ normalidades. 

Pero solo tienen mucho de nuevas, pero poco de normalidades.  Porque, nadie pasa por el mismo lugar al mismo tiempo y en la misma circunstancia.   Todo momento existencial es diferente, sobre todo por  su dinámica dialéctica, dirían los científicos. 

No hay marcha para atrás.  La ¨nueva normalidad¨, es de suyo una contradicción. Tiempo y disciplina son herramientas para construirla y para entender sus fines.

Nueva sí, pero normalidad, diferente.  Queremos entender que lo que llamamos,   ¨normalidad¨ es la que emerge, después de los problemas globales y deseamos, sea tan larga y estable que nos permita recuperarnos de las perdidas y recuperar  algo de lo que quedó pendiente.   Qué lío tan difícil querer vivir como vivíamos, con todos los riesgos que desencadenamos.

¿Cómo persistir en  las ideas  que no se realizaron?. ¿ Cómo reconstruir los propósitos que no se cumplieron?.  Todos huímos de lo que no nos gusta o conviene. Pero está visto que no siempre podremos.

El blindaje posible comienza por reconocer, que la realidad así es, será y si la aceptamos, la aceptamos con todo. La vacuna, será insistir en participar en las decisiones colectivas  y no abandonarnos a la inercia de que los líderes saben bien a donde nos llevan.

Dejar en manos de los líderes, por iluminados que sean, o de los científicos, por sabios que resulten, está comprobado, no es suficiente.  

Vivimos en una contradicción: un mundo global, pero una sociedad distante, polarizada, enojada e indolente. Vencer al bicho, se ha complicado, por esto mismo. La sana distancia, es paradójicamente la mejor previsión de no encontrarnos con el virus.  Que dilema a la concordia y a la solidaridad humana.

Un bicho nos ha reiterado nuestra debilidad real, ha confirmado nuestras incapacidades reales y nos ha recordado, que no leímos bien el mandato del creador en la escritura donde nos confiaba toda la creación.

Debemos corregir  ese error original, y enfrentar nuestras irresponsabilidades. Para ello hay que construir una vacuna que nos impida insistir, en las causas de las anormalidades porque todas las normalidades nuevas serán, lamentablemente, parte de ellas.  Es un problema de conciencia, antes que salud. 

En los humanos está el errar,  pero no debe ser símbolo de nuestra calidad humana. No se debe vivir en la ignorancia de los buenos deseos, ni de las soluciones ajenas a cada uno porque hasta ahora, sus efectos han sido catastróficos, a pesar de ser condiciones de nuestra vida cotidiana.

Hay mucho que imaginar, construir y reconstruir.  Ninguno quiere volver al pasado reciente.  Pero nadie puede decir que no volveremos a vivirlo.

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